El fascismo como categoría política.

 Comportamientos políticos más relevantes en la etapa contemporánea.*

 

Dra. Elsie Plain Rad-Cliff

MSc. Diana Valle Guerra

 

La presente ponencia constituye el anticipo de un estudio –no concluido aún- más amplio y profundo desde la Ciencia Política Enfoque Sur sobre el  tema del fascismo, categoría política requerida de una nueva reflexión, ante  la emergencia de nuevos escenarios, actores, relaciones y procesos políticos en los países de la periferia, que evidencian nuevos comportamientos por parte de viejos  y recientes sujetos políticos, sobre los cuales recaen las acciones depredadoras del capitalismo transnacional, aspirante,  entre otras cosas, a mundializar  su hegemonía y, por supuesto, a derribar las barreras propias de los estados nacionales.

 

Ante el hecho innegable de que el imperialismo no ha renunciado a ningún método o medio que le permita acrecentar su poderío económico y político, más bien a perfeccionarlos, es posible percibir  la persistencia de  enfoques y comportamientos fascistas en la mayoría de las acciones acometidas por el microgrupo dominante que representa sus intereses, en los últimos 50 años y especialmente en el siglo XXI, ya sea en el terreno económico, político o militar, a pesar de que muchos politólogos consideran el fascismo como una categoría histórica que corresponde a un determinado momento histórico concreto, por lo que no se consideran válidos los análisis que asumen su posible existencia, Borón. A (2003)[1].

 

La ausencia de consenso entre los principales autores que lo tratan, especialmente en lo referido a  su conceptualización, atañe, de hecho, a sus manifestaciones contemporáneas y, por supuesto, a la forma de enfrentarlo por parte de las fuerzas sociales hacia las que está dirigido,  es decir, los trabajadores, los movimientos sociales, los grupos originarios, los pueblos oprimidos  y demás grupos marginados y más desfavorecidos, entre los cuales destacan  los inmigrantes procedentes del sur y los refugiados que huyen despavoridos de los conflictos bélicos provocados, sostenidos y apoyados  por los principales centros mundiales de poder.

 

De ahí que esta  presentación pretende responder, someramente,  a las siguientes interrogantes:

 

  • ¿Qué entender por fascismo?
  • ¿Cuáles son sus fundamentos filosóficos y políticos?
  • ¿Cuáles han sido sus comportamientos contemporáneos más significativos?

 

Por tanto, se  desarrollará la exposición atendiendo a tres ejes temáticos:

 

–      Qué es el fascismo

 

–      Caracterización filosófica y política del fascismo

 

–      Comportamientos políticos fascistas más significativos en los últimos 50 años, especialmente en el siglo XXI

 

 

Qué es el fascismo:

 

Ante todo es necesario destacar que para algunos autores (Borón, 2003 y otros) el fascismo es una de las formas “clásicas” del estado capitalista de excepción, al igual que el bonapartismo y la dictadura militar, cuya especificidad no se deriva de la súbita aparición en la escena política de partidos o movimientos de tipo fascista, sino de la profunda reorganización que impuso la resolución de la crisis hegemónica de la burguesía al conjunto de los aparatos estatales y al régimen político.

 

Ante una coyuntura crítica de la lucha de clases, especialmente si se identifica una situación revolucionaria, el estado capitalista suele apelar a la desmovilización  de la clase obrera y a la eliminación del peligro insurreccional.  Para ello se requiere de una reorganización del Estado que implica el abandono de las instituciones políticas y jurídicas de la democracia liberal. Es decir, “la  burguesía transforma la “ilegalidad” de la democracia liberal en la nueva “legalidad” del estado de excepción[2] .

 

Por otra parte, es necesario destacar que, desde este enfoque,  el fascismo surgió como resultado de contradicciones específicas de países capitalistas metropolitanos, que ya para la época de la Primera Guerra Mundial habían entrado en la etapa imperialista y cuyas burguesías monopólicas nacionales requerían necesariamente la puesta en marcha de políticas expansionistas y militaristas a fin de asegurar la continuidad del proceso de acumulación [3]

 

Ello significó que “la crisis orgánica del Estado liberal-burgués se resolvió así en favor de la burguesía mediante la implantación de una forma de Estado de excepción que contaba con las capacidades suficientes como para desmovilizar al proletariado, reprimir a la izquierda y desarticular al movimiento popular” (Borón, 2003:54). Para ello contó con la alianza de los  numerosos estratos y capas de la pequeña burguesía, en la cual  encontró un aliado excepcional, uno de los rasgos que para diversos autores distingue el fascismo clásico de Alemania e Italia.

 

 

Tales afirmaciones, entendidas como un tipo de Estado capitalista tal como se enuncia anteriormente, tienen su validez justamente para la etapa a la que se refieren, es decir, el llamado “fascismo clásico” que sufrieron naciones como Alemania, Italia, España, Japón y otras en menor medida. Mas existen otras visiones sobre el fascismo que lo asocian al capitalismo global y  que algunos han dado en llamar “el fascismo moderno” o del  siglo XXI.

 

Entre ellos destaca el profesor William I. Robinson, (2011) quien se basa en la existencia de una fase cualitativamente nueva transnacional o global del capitalismo mundial que se caracteriza por el aumento de capital verdaderamente transnacional y por una clase capitalista transnacional o CCT, así como en los peligros que implica la crisis del capitalismo global y  las reacciones políticas de la extrema derecha, particularmente en Estados Unidos,  en lo cual percibe la presencia de un nuevo  fascismo que denomina del siglo XXI, cuyas características cruciales las describe así:

 

La fusión del capital transnacional con el poder político reaccionario

 

Tres sectores del capital transnacional se destacan especialmente por buscar métodos políticos fascistas para facilitar la acumulación: el capital financiero especulativo, el complejo militar-industria-de seguridad y el sector extractivo y energético (especialmente petrolero).

 

 

Militarización y extrema masculinización

 

Como la acumulación militarizada ha intensificado el presupuesto del Pentágono, habiendo aumentado en un 91% en términos reales en los últimos 12 años, los altos mandos militares se han politizado crecientemente y se involucran en las decisiones políticas.

 

Un chivo expiatorio que sirve para desplazar y reorientar las tensiones y contradicciones sociales

 

En este caso, son en particular los inmigrantes y los musulmanes.[4]

Al respecto, un informe de 2010 del Departamento de Seguridad Interior señaló que “los extremistas de derecha pueden estar ganando nuevos reclutas aprovechando los temores sobre diversos temas de emergencia. La desaceleración económica y la elección del primer presidente afro-estadounidense ofrecen especiales impulsos para la radicalización y el reclutamiento de derecha.” El informe concluyó: “Durante los últimos cinco años, varios extremistas de derecha, incluyendo milicias y supremacistas blancos, han adoptado el tema de la inmigración como una llamada a la acción, punto de convergencia e instrumento de reclutamiento”.

 

Una base social de masas

 

En este caso, se está organizando una base social semejante entre sectores de la clase trabajadora blanca que han tenido históricamente privilegios de casta racial y que han sufrido desplazamiento y una rápida movilidad descendiente a medida que el neoliberalismo se impone en EE.UU. –mientras pierden la estabilidad y seguridad que tuvieron en la anterior época fordista-keynesiana de capitalismo nacional.

 

Una ideología fanática milenaria que tiene que ver con supremacía racial y cultural y que involucra un pasado idealizado y mítico, y una movilización racista contra chivos expiatorios

 

La ideología del fascismo del Siglo XXI se basa frecuentemente en la irracionalidad –una promesa de garantizar la seguridad y restaurar la estabilidad– es emotiva, no racional. El fascismo del Siglo XXI es un proyecto que no distingue –y no necesita distinguir– entre la verdad y la mentira.

Un liderazgo carismático

 

Hasta ahora un liderazgo semejante ha faltado en general en EE.UU., aunque personajes como Sarah Palin y Glenn Beck aparecen como prototipos.

 

El circuito mortal de acumulación-explotación-exclusión

 

Una nueva dimensión estructural del capitalismo global del Siglo XXI es la dramática expansión de la población superflua del globo – esa parte marginada y excluida de la participación productiva en la economía capitalista y que constituye cerca de un tercio de la humanidad.

 

El desplazamiento y la exclusión se han acelerado desde 2008. El sistema ha abandonado a amplios sectores de la humanidad, que están atrapados en un circuito letal de acumulación-explotación-exclusión. El sistema ni siquiera intenta incorporar a esta población excedente, sino más bien trata de aislar y neutralizar su rebelión real o potencial, criminalizando a los pobres y a los desposeídos, con tendencias hacia el genocidio en algunos casos.

 

En esencia, la capacidad del Estado de funcionar como “factor de cohesión” dentro del orden social se descompone en la medida en que la globalización capitalista y la lógica de acumulación o comercialización penetra todos los aspectos de la vida, de modo que la “cohesión” requiere más y más control social, para lo cual necesita de “Estados policiales”.

 

Un fascismo del Siglo XXI no puede parecerse al fascismo del Siglo XX. Entre otras cosas, la capacidad de los grupos dominantes de controlar y manipular el espacio y de ejercer un control sin precedentes sobre los medios de masas, los medios de comunicación y la producción de imágenes y mensajes simbólicos, significa que la represión puede ser más selectiva  y también organizada jurídicamente,  de manera que el encarcelamiento masivo “legal” toma el lugar de los campos de concentración. Además, la capacidad del poder económico de determinar los resultados electorales permite que el fascismo del Siglo XXI emerja sin una ruptura necesaria en ciclos electorales y el orden constitucional.

 

Tampoco  se puede calificar actualmente de fascista el sistema político de  EE.UU. No obstante, todas las condiciones y procesos están presentes y se propagan, y las fuerzas sociales y políticas detrás de un proyecto semejante se movilizan rápidamente.

 

 

En un intento por lograr una definición a los efectos de este trabajo, se ha tenido  en cuenta que el fascismo es considerado indistintamente como sistema político, movimiento político e incluso como filosofía e ideología, lo que   induce a pensar que puede ser todo al mismo tiempo.  Solo depende de cuán acabada sea su manifestación, o si se trata del plano de las ideas, del comportamiento o de ambas a la vez.

 

A estos efectos puede asumirse como un fenómeno político-ideológico que pudo cristalizar como sistema político en el siglo XX, en los años de entre guerras (1919) – 1945), es decir la Primera y la Segunda Guerra Mundiales, en Italia, Alemania y España, de lo cual devino su nomenclatura de fascismo para Italia, nazismo[5] para Alemania y falangismo[6] para España, aunque de modo general es denominado como fascismo.

 

Tiene como características generales el abuso de la violencia y su apelación al terrorismo de Estado como método para someter a las clases o pueblos que considera inferiores o subordinados, conciliándolos con su discurso político demagógico, en el que abundan las promesas sobre un futuro económico pletórico de beneficios para todos y la exaltación de las bondades del capital representado por los grandes monopolios, los cuales trascienden actualmente a las megacorporaciones transnacionales.  Para ello se vale de la manipulación de la información y la mentira, que se difunde a través de la propaganda elaborada por el régimen en función de sus espurios intereses, potenciada ahora por el empleo de las nuevas tecnologías de la comunicación y el ciberespacio.

 

Breve caracterización de los presupuestos filosóficos y políticos en los que se sustenta el fascismo:

 

Filosóficamente tiene sus bases en el irracionalismo, doctrina filosófica que insiste en la limitación de las posibilidades cognoscitivas de la razón y el pensamiento y que reconoce que la forma principal del conocimiento son la intuición, el sentimiento, el instinto, etc.  Considera que la realidad es caótica, ilógica y subordinada a la casualidad y la voluntad ciega, al tiempo que privilegia la voz de la sangre y la raza, lo cual sustenta, asimismo, la teoría de la supremacía racial.

 

En tal sentido, también resulta congruente la teoría del superhombre sustentada por Nietsche, en la cual se plantea que el hombre, con su voluntad es capaz  de crear sus propios valores y puede prescindir de la moral religiosa, en referencia a la cristiana, y actuar con entera libertad.

 

En el plano político, tales afirmaciones brindan un oportuno sustento a otros postulados que justifican muchas de las políticas y acciones acometidas por el nazismo y que subyacen tras actuaciones y procedimientos empleados por los actuales centros de poder mundial:

–      La necesaria supeditación de las clases y pueblos considerados inferiores a los superiores

–      El militarismo y la exaltación de la guerra como el estado natural del hombre y condición de posibilidad para su heroísmo

–      La demanda de espacio vital y su expansionismo a costa de otros pueblos considerados inferiores, que han sido  invadidos y ocupados, así como la promoción del colonialismo y el neocolonialismo

–      Dado su voluntarismo extremo y su moralidad basada en la idea niescheniana del “superhombre”, se arroga la facultad de decidir quiénes tienen derecho a la vida, a reproducirse,  al disfrute de la felicidad, del placer, etc.

–      La práctica de todo tipo de discriminación, no solo la racial, sino sobre la mujer y otras minorías en función de su origen étnico, cultural, religioso, orientación sexual, etc.

 

Principales comportamientos fascistas en el plano político contemporáneo

 

Si bien fue Alemania donde el fascismo se desarrolló en toda su plenitud con la máxima crueldad y la más descarnada inhumanidad durante los años 30 y 40 del siglo XX, no se puede ignorar que siendo Estados Unidos la potencia militar y económica más poderosa de la historia, de cuyo poderío absoluto hace uso en función de los intereses del imperio, se describirán algunos ejemplos de esos comportamientos políticos más significativos que pueden calificarse de fascistas:

 

–      La existencia de campos de concentración donde fueron encerrados más de 100,000 japoneses-estadounidenses, luego de la entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial tras el ataque a Pearl Harbor por temor a las represalias[7].

 

–      El injustificado lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, cuando ya la guerra había terminado.

 

–      La política de  terrorismo de Estado aplicada contra la nación cubana desde hace más de 50 años, antecedida por la invasión a Playa Girón, que incluye, entre otras cosas, la guerra económica,  los actos vandálicos de sabotaje a la economía y contra la vida de los ciudadanos cubanos, especialmente los cientos de planes de atentados contra el comandante en jefe, Fidel Castro,

 

–      La instauración y apoyo a dictaduras militares en varios países de América Latina, para las cuales diseñó el tenebroso Plan Cóndor, con el consentimiento y la participación de los tiranos que encabezaban esos gobiernos.

 

–      La balcanización de Yugoslavia, desmembrada totalmente con un saldo de muertes que  suman miles de civiles, en su mayoría niños y ancianos, tras los inhumanos bombardeos de la OTAN.

 

–      El genocidio practicado por Israel contra el pueblo palestino, con el apoyo político y económico de EE UU,

 

–      Las invasiones a Irak y Afganistán, mediante el empleo de mercenarios y árabes entrenados por Estados Unidos, comenzando por los muyahidines y luego los talibanes, que han engrosado posteriormente las filas del Estado Islámico.

 

–      Las guerras contra Libia y Siria, mediante la utilización de rebeldes adiestrados  y armados por Estados Unidos y sus aliados, entre lo cuales se cuentan los terroristas del Estado Islámico.

 

–      La existencia de la cárcel y centro de tortura situada en la base naval de Guantánamo –territorio ilegalmente ocupado a Cuba-, donde se hallan personas detenidas por supuestos actos de terrorismo, quienes no han sido sometidos a juicio alguno.

 

–      Los intentos por balcanizar a Rusia, mediante su comportamiento injerencista en Ucrania, con su apoyo a grupos neofascistas que han creado un caos entre la población de ese país.

 

–      La difusión de mentiras a través de los medios de comunicación masiva, aprovechando las sofisticadas tecnologías disponibles como, por ejemplo, la falsa afirmación de la existencia de armas de exterminio masivo en Irak, para justificar la invasión a ese país.  Informaciones falsas que han sido utilizadas en otros muchos casos, como las acusaciones contra Rusia de su invasión a  Ucrania.

 

–      Por último, según el New York Times, el presidente de Estados Unidos  revisa cada martes una lista de muertes que la CIA le presenta, de la cual Obama decide, sin justificación legal alguna, quién morirá y quién vivirá. Pilger, (2016)

 

A modo de conclusiones:

 

Es evidente que el fascismo nunca podría repetirse con las mismas y exactas características de los años treinta y cuarenta del pasado siglo, pero una forma de dominación fascista no puede descartarse en absoluto en el siglo XXI. Es más, las señales que se advierten en Europa y Estados Unidos son extremadamente preocupantes.

 

Si bien es cierto que en la actualidad no existe ningún sistema político que reúna todas las características para ser calificado de fascista, sí se pueden identificar comportamientos políticos que responden a tales características, como las enumeradas más arriba, que son solo los más significativos, especialmente atribuibles a Estados Unidos.

 

Existen otras acciones que no cobran tal relevancia, pero no porque sean aisladas o efectuadas por grupos sin aparente poder, como los cabezas rapadas en algunos países europeos, dejan de tener importancia.

 

Asimismo, están los que participan en manifestaciones opositoras contra gobiernos progresistas de América Latina como en Venezuela, aunque en este caso se sabe que cuentan con el respaldo político y financiero de los grupos poderosos que responden a los intereses del imperio.

 

 

REFERNCIAS:

 

Borón, Atilio (2003) “El fascismo como categoría histórica: en torno al problema de las dictaduras en América Latina”, Capítulo I, en Estado, capitalismo y democracia en América Latina, CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires,

http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/clacso/se/20100529014903/3capituloI.pdf U

 

Pilger ,John  (2015) , “Why the rise of fascism is again the issue”, University of Lincoln , Australia

 

Puig, Sara, EFE, (2015)   https://es.noticias.yahoo.com/campos-oncentraci%C3%B3n-japoneses-el-lado-menos-conocido-eeuu-191630017.html

 

Robinson, William I.  El capitalismo global y el fascismo del siglo XXI. 29/05/2011  Opinión  -A +A,     http://english.aljazeera.net/indepth/opinion/2011/04/201142612714539672.html

 


*Ponencia presentada en evento científico ISRI 2016, XII Seminario de Relaciones Internacionales.

 

[1] En su exposición, A. Borón cita a otros muchos autores que coinciden con su propio criterio.

      [2]Sobre el estado de excepción véase Nicos Poutlanzas, Fascismo y dictadura, México, Siglo XXI,

1971, cap. 2, en donde se resumen las principales aportaciones de los clásicos marxistas.

[3] Ver en A. Borón la extensa lista de autores que se han referido a esta circunstancia,  que alargarían excesivamente esta ponencia.

[4] El Southern Poverty Law Centre [Centro Legal de la Pobreza del Sur] informó recientemente que “tres tendencias de la derecha radical –grupos de odio, grupos extremistas nativistas y organizaciones patrióticas– aumentaron de 1.753 grupos en 2009 a 2.145 en 2010, un aumento del 22%, que vino después de un aumento de un 40% de 2008 a 2009.”

[5] Apócope de nacional socialismo

[6] Debe su nombre a la forma organizativa que asumía el ejército franquista.

[7]  El presidente Franklin  D. Roosevelt firmó la orden ejecutiva 9066 el 19 de febrero de 1942, la cual  delimitó las zonas militares de exclusión en las que controlaría  al rival, en las que se crearon diez campos de concentración en California, Utah, Idaho, Wyoming, Colorado, Arizona, Arkansas y Georgia. En total albergaron a más de 112.500 japoneses-estadounidenses hasta 1945.( Puig, S. 2015)